Delcy Rodríguez tiende puente hacia Washington sin exigir liberación de Nicolás Maduro

NADIA SANABIA

En su primer pronunciamiento como presidenta encargada de #Venezuela, Delcy Rodríguez optó por un tono conciliador hacia Estados Unidos, marcando distancia de la retórica confrontacional que caracterizó al gobierno de Nicolás Maduro.

El mensaje, difundido en redes sociales, hace énfasis en la paz, el diálogo y la cooperación internacional, pero llama la atención por lo que omite: no hay exigencia alguna de liberación o repatriación del expresidente Maduro, extraído del país por fuerzas estadounidenses.

La única mención al líder chavista llega en tono casi testimonial: “Ese ha sido siempre el predicamento del Presidente Nicolás Maduro y es el de toda Venezuela en este momento”, escribe Rodríguez al referirse a la apuesta por la paz sobre la guerra. Una frase que invoca su figura como referente ideológico, pero sin convertirlo en eje de demanda política ni condicionar el diálogo con Washington a su situación actual.

Rodríguez invitó al gobierno de Donald Trump a “trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación orientada al desarrollo compartido”, apelando a principios de “igualdad soberana y no injerencia”, aunque sin alusión directa a la operación que removió a su predecesor.

Pragmatismo como única estrategia

Si bien el comunicado, colgado en instagram, puede leerse como un ejercicio de cálculo político en un escenario de extrema fragilidad, llama la atención por el tono.

Rodríguez no rompe con el chavismo —invoca a Maduro como referente moral—, pero, ojo, tampoco se inmola por él. Es una puerta entreabierta hacia el Washington de @realDonaldTrump

El tono resulta *notablemente dócil* para quien fuera canciller del régimen y figura sancionada por Estados Unidos. No exigir la liberación de Maduro puede interpretarse como una concesión implícita, una señal de que el gobierno encargado no convertirá este episodio en casus belli.

Igualmente elocuente es lo que el mensaje calla: **no hay pronunciamiento sobre cómo ocurrió la extracción, sobre la legalidad de la operación estadounidense ni sobre el paradero actual del líder chavista**.

Rodríguez se posiciona así como figura de transición con capacidad de negociación, sin cargar —al menos discursivamente— con el costo político de haber “entregado” a Maduro. Mantiene la narrativa bolivariana (“soberanía”, “no injerencia”) mientras extiende la mano.

El riesgo es interno: si el chavismo duro interpreta este mensaje como tibieza o traición, la presidenta encargada queda expuesta. Aunque quizá, en el nuevo escenario, ese chavismo duro ya no tenga capacidad de respuesta.

El comunicado cierra defendiendo el derecho de Venezuela “a la paz, al desarrollo, a su soberanía y al futuro”. Del destino de Nicolás Maduro, ni una palabra.