Fernando Schütte Elguero
En los momentos más difíciles de la vida pública de México, pocas instituciones han mostrado la capacidad de resistir, adaptarse y volver a levantarse como lo ha hecho el Ejército Mexicano. Tras años en los que la institución fue arrastrada a tareas políticas, administrativas y civiles que poco tenían que ver con su vocación militar, hoy comienza a percibirse un proceso de recuperación del prestigio, la disciplina y el respeto que durante décadas caracterizaron a las fuerzas armadas.
En el centro de ese proceso se encuentra el secretario de la Defensa Nacional, el general Ricardo Trevilla Trejo. Militar de carrera, formado en el rigor doctrinal de las academias militares y curtido en responsabilidades operativas a lo largo de décadas, Trevilla ha devuelto a la institución algo que parecía haberse diluido en los últimos años: claridad de mando.
El Ejército retoma su misión esencial con disciplina
Durante el sexenio anterior, el Ejército fue sometido a un desgaste innecesario. Se le encargaron aeropuertos, aduanas, obras públicas y una larga lista de responsabilidades que, si bien fueron asumidas con disciplina institucional, terminaron por exponer a la fuerza armada a tensiones políticas que nunca debieron ser parte de su misión. A ello se sumaron episodios de corrupción que lastimaron la imagen de una institución que, históricamente, había sido una de las más respetadas por los mexicanos.
Pero quienes conocen la vida de cuartel saben que la esencia del Ejército no se define por los errores de algunos ni por las decisiones de un sexenio. Se define por la disciplina de la tropa, por el sentido de honor que se aprende desde el primer día de formación y por una cadena de mando que, cuando funciona correctamente, vuelve a poner a cada soldado en su misión esencial.
Eso es lo que hoy empieza a notarse nuevamente.
Las operaciones recientes contra el crimen organizado han mostrado a un Ejército que vuelve a actuar con inteligencia, determinación y precisión. El golpe que significó la neutralización del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación fue una señal clara de que el Estado mexicano conserva capacidad para enfrentar a las organizaciones criminales más poderosas. No fue un acto improvisado, sino el resultado de trabajo de inteligencia, disciplina operativa y coordinación entre distintas unidades.
Pero la lucha no termina en un solo objetivo. En distintos puntos del país, el Ejército y la Guardia Nacional han intensificado acciones contra laboratorios clandestinos de drogas sintéticas, redes de tráfico de armas y estructuras dedicadas al robo de combustible que, durante años, alimentaron financieramente a los cárteles. Son operaciones silenciosas, muchas veces lejos de los reflectores, pero fundamentales para recuperar el control territorial.
En ese proceso también se ha dejado claro que dentro de las fuerzas armadas no hay espacio para la deslealtad. Las investigaciones internas y las decisiones recientes del alto mando muestran que cualquier vínculo indebido con organizaciones criminales está siendo revisado con rigor. En la tradición militar mexicana, la traición no se tolera y cuando aparece, la institución sabe depurarse para preservar su honor.
General Trevilla Trejo gana legitimidad
Quienes hemos tenido cercanía con el mundo militar sabemos que la legitimidad del mando no se impone; se gana. Y hoy, dentro de los cuarteles, el general Trevilla Trejo es reconocido como un comandante que entiende a la tropa, que respeta la tradición militar y que ha recordado a la institución cuál es su verdadera razón de ser.
México enfrenta todavía desafíos enormes en materia de seguridad. Nadie que observe con seriedad la situación del país puede negarlo. Pero también es cierto que cuando el Ejército Mexicano actúa con liderazgo, disciplina y claridad estratégica, el Estado vuelve a tener una columna vertebral capaz de sostener la defensa de la nación.
Porque en tiempos de incertidumbre, cuando otras instituciones vacilan, los soldados siguen ahí. Firmes. Silenciosos. Cumpliendo su deber.
Y cuando el Ejército marca la línea, México recuerda que aún tiene quien lo defienda.
@FSchutte
Consultor y analista
