Columna| Oaxaca de Murat: Ivette Murat va por la Gubernatura “sin importar la vía”

by | Jun 2, 2026 | Oaxaca, Opinión, Portada

MUJER Y PODER

NADIA SANABIA

Ivette Morán de Murat (Ivette Murat) quiere ser gobernadora de Oaxaca. Ayer, lunes 1 de junio, se reunió otra vez a puerta cerrada —ahora con empresarios del ramo textil, en el restaurante Azul Cielo, ubicado en Tlalixtac de Cabrera.

Ivette lleva varios meses realizando encuentros sectoriales donde ya empieza a hacer promesas de campaña.

En esas reuniones, asegura que será candidata, sin importar la vía e incluso como candidata independiente de ser necesario. Afirma que las encuestas la respaldan pero aún no son los tiempos para su destape oficial, por eso pide que le quiten el celular a quien entra. Pero el 26 de febrero del año pasado dijo otra cosa, frente a una cámara, a sus “paisanos y paisanas”: no está en mis intereses personales ser candidata al gobierno de Oaxaca.

Eso fue hace meses. Lo que cambió no es Oaxaca. Es el cálculo.

Hay una frase suya que no necesito interpretar, porque la escribió ella misma, en su perfil oficial cuando presidía el DIF: “Nací en la Ciudad de México.” Tres palabras. Ahí está el problema que ninguna carta notarial va a resolver.

EL DOMICILIO

Porque para aparecer en la boleta de Oaxaca hace falta arraigo. Y donde no hay arraigo, se fabrica un domicilio. Ella misma ya nos mostró cómo opera esta familia con los papeles: en 2017, el SAT no podía localizar a su suegro, José Murat, porque había puesto como domicilio fiscal la Cámara de Diputados. Un domicilio que no es para vivir. Es para usarse.

Eso es lo que están haciendo con Oaxaca. Convertirlo en predio. En dirección de conveniencia.

EL HUIPIL DE CAMPAÑA

Lo grave no es de dónde nació. Nadie escoge eso. Lo grave es el disfraz. La señora que se ponía el huipil y los diseños de nuestros artesanos —hasta que los propios artesanos dijeron que era apropiación—. Lo oaxaqueño puesto y quitado según convenga.

Y ahora dice que su papá tiene “sangre oaxaqueña”. Casi el mismo libreto de su esposo, que llama a Oaxaca su tierra natal aunque su acta de nacimiento diga Estado de México.

Hace tres semanas inventó un agravio. Mariana Rodríguez, presidenta del DIF de Nuevo León, dijo algo que para ningún oaxaqueño es un insulto: Llamó oaxaqueño a Alejandro Murat. A ningún oaxaqueño nos ofende que nos digan nuestro gentilicio.

Pero Ivette decidió leerlo como ofensa a los oaxaqueños, grabó un video y salió a defendernos de una herida que no existía. ¿Para qué? Para que la voltearan a ver. Para colgarse de lo oaxaqueño una vez más, aprovechando el nombre de Marina Rodríguez, y sonar a nombre rumbo a la gubernatura. No nos defendió. Nos usó, otra vez.

Oaxaca no es un feudo. Oaxaca no es de los Murat. No es una herencia que pase del suegro, al hijo y del hijo a su esposa.

En sus reuniones, Ivette también habla mal de esta administración: Conviene recordar quién la acompaña en casa. El sexenio de su esposo endeudó a Oaxaca por miles de millones. ¿Y la obra estrella? El Centro Cultural Álvaro Carrillo: lo inauguró para la foto en 2022, costó 360 millones de pesos, y hoy, casi cuatro años después, sigue cerrado, inconcluso. Un cascarón. Mientras tanto, el estado cerró como el segundo más rezagado del país, solo detrás de Chiapas. Eso dejaron. Desde ahí critica.

Hay quien carga a Oaxaca todos los días en la espalda. Y hay quien se la pone y se la quita, como un huipil de campaña.