Cuando el Mundial no alcanza para ocultar la realidad

by | Jun 10, 2026 | Opinión

Fernando Schütte Elguero

Las manifestaciones convocadas durante la Copa del Mundo obligan a distinguir entre quienes denuncian los problemas y las causas que realmente los originan.

En vísperas de las manifestaciones convocadas para estos días, el debate público parece concentrarse más en quién apoya o promueve las protestas que en las razones que las originan. Es una tentación frecuente de los gobiernos: buscar responsables de la crítica antes que responsables de los problemas.

La presidenta ha señalado a Ricardo Salinas Pliego como uno de los principales impulsores de la oposición a su administración. No cabe duda de que el empresario se ha convertido en una de las voces más visibles, persistentes e incómodas para el gobierno. Sus críticas son constantes, su alcance es enorme y su capacidad para influir en la conversación pública es innegable.

Sin embargo, el verdadero debate no debería centrarse en Ricardo Salinas Pliego.

Porque una verdad no deja de ser verdad por el hecho de que la diga un opositor. Del mismo modo, una mentira no se convierte en verdad por el simple hecho de ser pronunciada desde el poder.

Las madres buscadoras no aparecieron por una publicación en redes sociales. Los reclamos por pensiones incumplidas tampoco. Las preocupaciones por la inseguridad, por la falta de medicamentos, por el deterioro de algunos servicios públicos o por la incertidumbre económica tienen existencia propia. Son problemas que millones de mexicanos enfrentan diariamente y cuya realidad no depende de quién los denuncie.

Si hoy existen grupos inconformes que deciden manifestarse, la pregunta fundamental no debería ser quién los respalda, sino qué circunstancias los llevaron a salir a las calles.

En una democracia sana, las voces críticas cumplen una función indispensable. Los contrapesos pueden provenir de los partidos políticos, de los medios de comunicación, de las organizaciones de la sociedad civil, de las universidades o incluso de empresarios que deciden participar activamente en la discusión pública. Se puede coincidir o discrepar con ellos, pero intentar convertirlos en la explicación de todo descontento social equivale a ignorar las causas profundas de los conflictos.

Es probable que el gobierno busque evitar cualquier confrontación directa durante las movilizaciones. Los ojos del mundo estarán puestos en México. Medios internacionales, organismos de derechos humanos, gobiernos extranjeros, inversionistas y millones de aficionados seguirán con atención lo que ocurra en nuestro país. Una imagen de violencia o represión tendría costos políticos innecesarios.

Sin embargo, la ausencia de confrontación por parte de la autoridad no garantiza una jornada pacífica. Entre los manifestantes coexistirán causas legítimas, agravios reales y también quienes puedan buscar la provocación como mecanismo para atraer reflectores nacionales e internacionales. La prudencia será indispensable de ambos lados.

Pero incluso si la jornada transcurre sin incidentes, los problemas seguirán ahí. Las marchas terminan al caer la noche. Los agravios permanecen.

La verdadera prueba para cualquier gobierno no consiste en administrar una manifestación, sino en atender las razones que la hicieron necesaria. Ninguna estrategia de comunicación, ninguna campaña propagandística y ninguna conferencia de prensa pueden sustituir indefinidamente la solución de los problemas de fondo.

Cuando un ciudadano reclama una pensión que considera legítima, cuando una madre busca a un hijo desaparecido o cuando una familia vive con miedo a causa de la inseguridad, el problema no es quién les da voz. El problema es que existen razones para que esa voz sea escuchada.

Los gobiernos suelen sentirse más cómodos combatiendo narrativas que enfrentando realidades. Pero las narrativas pueden ganar una discusión temporal; las realidades terminan imponiéndose.

Por eso, más allá de Ricardo Salinas Pliego, más allá de las simpatías o antipatías que pueda generar su figura, conviene recordar algo elemental: las voces incómodas pueden amplificar el malestar, pero no lo crean. El malestar surge de los problemas que los ciudadanos viven todos los días.

Cuando el Mundial coloque a México en el centro de la atención internacional, lo verdaderamente importante no será quién critica al gobierno ni quién convoca una protesta. Lo importante será preguntarnos por qué tantos mexicanos consideran necesario salir a las calles para exigir ser escuchados.

@FSchutte
Consultor y analista político.