Profanación y violencia

by | Abr 24, 2026 | Opinión, Portada

La Crónica

La mañana del 20 de abril de 2026 comenzó como cualquier otra en el Valle de México: el sol llenaba de luz las estructuras de obsidiana y tezontle mientras miles de turistas ascendían por la Calzada de los Muertos. De pronto, a las 11:30 horas, el murmullo de la gente fue sofocado por el estruendo de un revólver calibre .38. Alguien les disparaba a los turistas.

Julio César Jasso Ramírez, un joven de 27 años cuya presencia no había levantado sospechas en los filtros de acceso, se posicionó en la parte superior de la Pirámide de la Luna. Desde ese altar prehispánico sagrado, comenzó a disparar contra la multitud. El pánico fue inmediato.

Aquel espacio ritual, diseñado para la contemplación, se convirtió en una trampa: los escalones empinados dificultaron la huida, y los espacios abiertos dejaron a los visitantes sin refugio.

El saldo final, una mujer canadiense fallecida y 13 heridos de diversas nacionalidades, no solo representa una tragedia humana, el hecho mismo exige una reflexión profunda. El suicidio del agresor en el sitio dejó a las autoridades con más preguntas que respuestas, con lo que inicia una de las investigaciones más complejas en la historia reciente de México.

El Impacto

Durante décadas, las zonas arqueológicas de México fueron consideradas lugares tranquilos y de esparcimiento. Lo ocurrido en Teotihuacán el 20 de abril, ha cambiado nuestra percepción. El impacto inmediato ha sido un cuestionamiento a la seguridad federal. ¿Cómo es posible que un individuo portando un arma de fuego, un arma blanca y una mochila cargada de municiones cruzara los puntos de control del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH)?

La percepción social se ha modificado: si un lugar resguardado por la Guardia Nacional y el Ejército, puede ser vulnerado por un solo hombre, la sensación de seguridad en cualquier espacio público se desvanece.

La Sombra del Mundial

A pocas semanas de que México sea sede de la Copa del Mundo, el evento ha encendido las alarmas en la FIFA y en las cancillerías internacionales. La seguridad ya no solo debe preocuparse por las bandas organizadas, sino por un eventual “tirador activo”, un fenómeno que en México solíamos ver como un problema ajeno, típicamente estadounidense o europeo.

Acontecimientos similares

Para entender la dimensión de lo ocurrido, debemos mirar hacia el exterior. El ataque en Teotihuacán guarda similitudes con la Masacre de Luxor en Egipto (1997). En ambos casos, el agresor utilizó la visibilidad de un monumento mundial para garantizar que su acto fuera visto por todo el planeta. Atacar el turismo es atacar la economía y la imagen de una nación.

Asimismo, existe un paralelismo con el atentado en el Museo del Bardo en Túnez (2015). En estos incidentes, el objetivo no fue militar, sino simbólico. Se busca herir al “otro”, al extranjero, el hecho parece forzar una respuesta represiva del Estado que, a menudo, termina afectando las libertades civiles de la propia población.

La coincidencia de la fecha, el 20 de abril, vincula a Jasso Ramírez con la subcultura de los tiradores masivos que rinden culto a tragedias como Columbine. Este pretendido odio que permea a ciertos sectores de la sociedad, muestra que las fronteras ideológicas son porosas: las patologías sociales de un país pueden ser replicadas en otro mediante la influencia de foros como el internet y los grupos extremistas.

Sociología de la Violencia

Una aproximación sociológica del tipo de hechos que nos ocupan no puede verse como algo aleatorio, exige entontes una descripción causal, que puede partir de lo simbólico de los acontecimientos y su violencia extrema.

Siguiendo a pensadores como Guy Debord el ataque, del tipo que nos ocupa, se convierte en un evento destacable en las redes sociales. El agresor sabía que los turistas estaban grabando y que sus actos estarían en TikTok y Twitter en cuestión de segundos. El suicidio es, en este contexto, el acto final de una persona que busca destacarse por la aniquilación de los demás.

Por otra parte, el perfil del “lobo solitario” suele coincidir con individuos que experimentan una profunda anomia: una falta de integración en la sociedad. En un México donde la desigualdad y la polarización social crecen, la violencia puede ser un “lenguaje” que adopten individuos vulnerables. El agresor no dispara por un botín; dispara contra la sociedad que lo ignora, elige a los turistas como representantes de un mundo globalizado al que se niega a pertenecer.

Reacción Política

Por otra parte, el efecto político del incidente fue inmediato, los tres niveles de gobierno se movilizaron y activaron protocolos de emergencia internacional.

La presidenta Claudia Sheinbaum expresó su solidaridad con las víctimas a través de un mensaje oficial, en el que se califica el evento como un hecho que “nos duele profundamente”. En su conferencia matutina del 21 de abril, instruyó al Gabinete de Seguridad a realizar una investigación a fondo para esclarecer cómo el agresor logró burlar los filtros de seguridad del INAH. La mandataria también confirmó que las secretarías de Gobernación y de Cultura están brindando acompañamiento directo a las familias afectadas.

Hay que mencionar que la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) se convirtió en el eje de la gestión de la crisis.

Canadá. La canciller Anita Anand calificó el tiroteo como un “horrendo acto de violencia armada“ y exigió explicaciones al gobierno mexicano. Aunque Ottawa agradeció la rapidez inicial de la respuesta médica, el tono de sus comunicados marcó una inusual tensión diplomática.

Estados Unidos. El gobierno estadounidense ofreció apoyo técnico y de inteligencia para las investigaciones, subrayando la preocupación por la seguridad de sus ciudadanos en vísperas del Mundial de 2026.

Por su parte, en el Senado de la República, la oposición utilizó el suceso para señalar una “crisis de inseguridad”. Senadores de diversos partidos advirtieron que el ataque fractura la imagen de México como un destino seguro, especialmente a menos de dos meses de la justa mundialista. También se manifestaron críticas por los recortes presupuestales en cultura, los cuales, según algunos legisladores, han dejado a lugares turísticos, como Teotihuacán, operando con niveles de vigilancia mínimos.

Otras reacciones no se han hecho esperar:

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) anunció el cierre indefinido de la zona arqueológica de Teotihuacán para permitir las diligencias de la fiscalía general de la República (FGR).

Fueron desplegados de inmediato 300 elementos adicionales de la Guardia Nacional y la Policía Estatal para resguardar el perímetro del lugar y establecer una mesa de trabajo permanente con la fiscalía estatal.

Hasta el momento, la línea oficial sostiene que se trató de un atacante solitario sin vínculos detectados con organizaciones criminales, aunque se investiga la procedencia del arma y la indumentaria del agresor (una camiseta con la leyenda “Natural Selection”, parecida a la de otros tiradores en similares condiciones).

La respuesta del gobierno, hasta ahora, se centra en dos frentes: contener el daño a la industria turística y rediseñar por completo los protocolos de acceso a los monumentos nacionales; con esto se busca equilibrar la apertura a los sitios turísticos con la necesidad de una seguridad más estricta.

El 20 de abril de 2026 marca un antes y un después. La respuesta no puede limitarse a colocar más detectores de metales o patrullas. Requiere un replanteamiento de cómo protegemos nuestra herencia cultural sin convertirla en una fortaleza militarizada.

Hoy vivimos en un mundo complejo, de rápidos cambios y de una violencia planetaria inusitada en la disputa de las potencias por el control de regiones importantes del planeta, y México es una de ellas.

Lo anterior no significa que lo acontecido en Teotihuacán forme parte de una conspiración a escala internacional; pero sus efectos, mismos que ponen en el centro la vulnerabilidad de nuestro país, obligan a considerar esta relación como improbable; pero no imposible.