El Tri venció 2-0 a Sudáfrica ante 80 mil 824 personas en el Estadio Ciudad de México; afuera, el Zócalo se desbordó con más de 50 mil aficionados y las madres buscadoras, la CNTE y los padres de Ayotzinapa pusieron la otra cara de la fiesta.
Nadia Sanabia / Periodistas Oaxaca · Ciudad de México, 11 de junio de 2026.- La primera fila del Mundial no se formó en una taquilla. Se formó de madrugada, sobre la Calzada de Tlalpan, donde miles de aficionados llegaron caminando porque el Tren Ligero solo admitía pasajeros con boleto del partido y únicamente hasta la estación El Vergel. Desde los vagones, los que sí traían entrada vieron pasar los carteles de un grupo de madres buscadoras que se quedó en la zona desde la noche anterior, con las fotografías de sus hijos desaparecidos levantadas hacia las ventanillas. Esa fue la primera imagen del día: el Mundial y su contraparte compartiendo la misma avenida.
En el Centro Histórico, el Zócalo amaneció enrejado y con una sola promesa: pantallas gigantes y entrada libre por Pino Suárez y 20 de Noviembre. A las diez de la mañana abrieron los accesos al Fan Fest y para las once la plancha ya concentraba a una multitud que terminaría rebasando las 50 mil personas, entre camisetas verdes, sombreros de mariachi y visitantes que cruzaron fronteras solo para estar cerca. Luis De León llegó desde Guatemala sin boleto para ningún partido en México: el plan era el Fan Fest, unos días de ciudad y después Estados Unidos, donde sí consiguió entradas. La demanda fue tal que en algunos accesos hubo empujones, gente trepada a las vallas metálicas y cercos derribados; otros desistieron y se acomodaron en las terrazas y restaurantes del primer cuadro, donde el partido se vio entre meseros y cubetas. Todo eso ocurrió a unas calles del plantón que la CNTE mantiene en el Centro Histórico como parte de su paro indefinido.
La mañana también se jugó en Palacio Nacional. “La inauguración del Mundial se va a llevar a cabo muy bien, sin problema”, dijo la presidenta Claudia Sheinbaum en su conferencia, donde la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, garantizó condiciones de acceso y seguridad para todos los eventos. A esa misma hora, sobre Tlalpan, la policía capitalina cerraba el paso a la caminata de los colectivos de búsqueda que intentaban llegar al estadio; los recibió un despliegue de antimotines. En la conversación pública del día cabían también los padres y madres de los normalistas de Ayotzinapa, estudiantes de normales rurales retenidos un día antes en la caseta de entrada a la capital, transportistas y campesinos. El gobierno federal mantuvo mesas de diálogo con el magisterio, que decidió no levantar sus movilizaciones; los colectivos de búsqueda, que no piden plazas ni presupuesto sino encontrar a los suyos, marcharon sin mesa de por medio.
Adentro, el Coloso de Santa Úrsula —rebautizado Estadio Ciudad de México por exigencia comercial de la FIFA— hizo lo que sabe hacer. La ceremonia desfiló a las 48 selecciones clasificadas, presentó a Salma Hayek como embajadora oficial del torneo y puso a Shakira y Belinda sobre el escenario. El momento que ningún operativo pudo fabricar llegó con el himno: Alejandro Fernández lo arrancó y lo dejó correr a capela en las gargantas de 80 mil 824 personas, la cifra oficial de asistencia del primer partido del Mundial más grande de la historia.
El futbol tardó nueve minutos en alinearse con la fiesta. Erik Lira recuperó un balón con presión alta y se lo cedió a Julián Quiñones, que se acomodó hacia el centro y sacó un disparo cruzado que venció al portero Ronwen Williams. El dominio mexicano fue casi total en el primer tiempo: Raúl Jiménez exigió al arquero desde el arranque, el propio Quiñones rozó el ángulo y estrelló otro balón en el palo al minuto 42. En el complemento, la expulsión del sudafricano Sphephelo Sithole por una entrada durísima dejó a los Bafana Bafana contra las cuerdas, y al 67 Roberto Alvarado dibujó un centro que Raúl Jiménez convirtió de cabeza: su primer gol en una Copa del Mundo, después de tres mundiales de buscarlo. La nota amarga llegó en el descuento, con la roja directa a César Montes que lo borra del siguiente partido.
El 2-0 tiene peso histórico propio: México nunca había ganado un partido inaugural de Mundial. La racha incluía el 1-1 contra esta misma Sudáfrica en Johannesburgo en 2010, aquella tarde de vuvuzelas en Soccer City que ayer funcionó como espejo invertido. Esta vez el local fue otro, el ruido fue otro y el resultado también. El Tri lidera el Grupo A y viaja a Guadalajara para medirse con Corea del Sur, donde una victoria lo dejaría prácticamente instalado en la siguiente ronda, ya sin Montes en la zaga.
La presidenta Sheinbaum no apareció en el Zócalo, donde originalmente se preveía que acompañara a los aficionados. Vio el partido en un festejo en Gustavo A. Madero, al norte de la capital, junto a la jefa de Gobierno Clara Brugada, mientras en el Ángel de la Independencia los bocinazos de Paseo de la Reforma celebraban cada gol. Al silbatazo final, la ciudad quedó repartida igual que al amanecer: una multitud cantando en las plazas con pantallas, y sobre Tlalpan, todavía, las fotografías levantadas de los que no estaban en ninguna pantalla.
