Estados Unidos atraviesa hoy una crisis de hegemonía estructural, no sólo económica sino política, social y simbólica. El segundo mandato de Donald Trump, iniciado en enero de 2025, ha acelerado tendencias que erosionan tanto su legitimidad interna como su liderazgo global. El análisis que aquí se presenta distingue entre hegemonía interna (consenso y legitimidad dentro del país) y hegemonía externa (capacidad de imponer reglas al mundo), y muestra que hoy existe un desfase crítico entre ambas: Washington mantiene gran parte de su capacidad material de poder, pero ha perdido mucho de su credibilidad y consenso. Con una polarización que ha superado umbrales históricos, seis grietas institucionales profundas y un capital simbólico en zona crítica, el escenario más probable es una hegemonía disruptiva: Estados Unidos seguirá siendo potencia, pero actuará cada vez más como un actor que rompe más que ordena. El riesgo de crisis institucional súbita es real y creciente.
1. Introducción: la hegemonía en cuestión
Durante décadas se dio por sentado que Estados Unidos era la potencia hegemónica del mundo; lideraba no solo por su fuerza militar o su economía, sino porque sus normas, sus instituciones y su discurso eran aceptados o al menos reconocidos como referencia. Esa época ha terminado, o al menos está llegando a su fin.
El estudio de Estados Unidos como potencia hegemónica exige mirar más allá de los indicadores económicos o militares. Como señala el investigador J. Hernández Martínez, su poder no se reduce a recursos materiales, también es ideológico, cultural y simbólico. La crisis que hoy atraviesa el país del norte, visible desde principios del siglo XXI, es multidimensional pues abarca lo económico, lo político, lo social, lo cultural y lo estratégico. No se trata de una recesión cíclica, sino del agotamiento del modelo de orden mundial construido tras la Segunda Guerra Mundial.
En este artículo analizamos la situación actual a partir de un marco conceptual que articula tres dimensiones: la estructura material del poder, la dinámica política interna y el capital simbólico que legitima el liderazgo. Aplicamos este enfoque a la evidencia empírica disponible del segundo mandato de Donald Trump (2025‑2029) y planteamos tres escenarios posibles hasta 2028.
2. Tres pilares, una crisis
La hegemonía estadounidense se ha sostenido sobre tres pilares estructurales:
💰 Monetario‑financiero: control del sistema de pagos global y el dólar como moneda de reserva.
🛡️ Militar: capacidad de amenazar, controlar con proyección global sin equivalente.
💡 Tecnológico‑cultural: dominio de plataformas digitales, propiedad intelectual y narrativa global.
Hasta aquí, las capacidades materiales siguen siendo enormes. Pero el poder no basta si falta legitimidad. La crisis actual consiste precisamente en que la estructura económica, las instituciones políticas y los consensos ideológicos que sostenían ese orden se han desgastado. Estados Unidos conserva fuerza, pero cada vez menos capacidad de ser aceptado como líder.
3. El concepto clave: capital simbólico hegemónico
Aquí introducimos una idea central: el capital simbólico hegemónico. Es el stock de credibilidad, legitimidad y respeto que una potencia acumula. Se gana con cooperación, previsibilidad y respeto a los aliados; se gasta con acciones unilaterales, aranceles, amenazas y aislamiento. Funciona como una cuenta bancaria de prestigio; si gastas más de lo que ingresas, entras en números rojos.
El modelo propuesto permite medirlo en una escala de 0 a 100. Los resultados son reveladores:
Valor del capital simbólico hegemónico
Enel primer mandato Trump (2017‑2021), bajó de 85 a 55; en el mandato Biden (2021‑2025) recuperó parcialmente hasta 65; pero en el segundo mandato Trump (2026) cayó a 45.
Por debajo de 50 se cruza el umbral crítico. Estados Unidos ya no es percibido como un líder legítimo, sino como un actor disruptor. Su palabra pesa menos, sus aliados se alejan y sus decisiones generan resistencia en lugar de acatamiento.
4. Nacionalismo agresivo; fuerza que une adentro, que aleja afuera
La estrategia definida del segundo mandato se puede llamar nacionalismo agresivo que presenta los elementos siguientes: discurso de “América primero”, retórica de amenaza existencial, decisiones unilaterales y uso de la fuerza. En lo interno, funciona, moviliza la base electoral, da sensación de fortaleza y permite actuar rápido. Pero tiene un costo exterior muy alto; erosiona el capital simbólico, aleja a los aliados y fragmenta el orden internacional.
Hay una tensión fundamental, lo que le da poder adentro, le resta influencia afuera. Los aranceles, las retiradas de acuerdos y la retórica belicista consolidan apoyo en casa, pero aceleran la pérdida de liderazgo global.
5. Las seis grietas que debilitan al régimen
El sistema político estadounidense presenta hoy seis fracturas estructurales que lo mantienen en equilibrio inestable:
⚖️ Ejecutivo frente a Legislativo. El presidente ha concentrado poder sin precedentes. Solo en 2025 firmó 225 órdenes ejecutivas, más que cualquier presidente en un año desde Franklin D. Roosevelt. El Congreso ha perdido capacidad de contrapeso, y muchas medidas terminan en los tribunales. Inestabilidad institucional en aumento.
🏛️ Estados federales frente al centro. Gobernadores de estados demócratas como California o Nueva York se oponen abiertamente a las políticas federales en migración, economía y derechos. El país se fragmenta territorialmente por líneas políticas.
🤝 Élite MAGA frente a élite tradicional. Dentro del Partido Republicano, la vieja guardia (Bush, Romney, Cheney) ha sido desplazada. El trumpismo ya no es una facción, es la fuerza hegemónica del partido y su ascenso ha roto viejos consensos.
🎖️ Militares frente a poder civil. Tensión creciente entre el mando presidencial y los altos mandos del Pentágono, con depuraciones y órdenes controvertidas. En una potencia militar como Estados Unidos, esta grieta es especialmente peligrosa.
👥 Líneas de raza y clase. La polarización no es solo política, es cultural y social. Blancos trabajadores, minorías y élites progresistas viven en realidades paralelas. Cada elección se percibe como una batalla por la supervivencia del otro bando.
📰 La grieta de la verdad. Ya no hay un espacio informativo compartido. Cada bando tiene sus medios, sus datos y su versión de la realidad. La confianza en los medios está en mínimos históricos. Sin realidad compartida, no hay democracia que funcione.
Lo más grave; las grietas se alimentan entre sí. La polarización hace imposible incluso la percepción de la realidad; la falta de información común hace imposible ponerse de acuerdo en soluciones. El sistema entero se vuelve cada vez más disfuncional.
6. Polarización, el veneno que no cede
La polarización en Estados Unidos ya no es algo que sube y baja según las elecciones, se ha convertido en un rasgo permanente. Un estudio publicado en la revista Science basado en más de 66 000 entrevistas llegó a una conclusión inquietante: la hostilidad entre partidarios ya es tan alta que ni siquiera las elecciones logran aumentarla. No hay tregua, no hay descanso, no hay retorno a la normalidad.
El índice de polarización legislativa supera hoy el umbral crítico de 0,85. La confianza en las instituciones apenas llega al 28%. Y lo peor, la polarización es asimétrica, pues ha sido impulsada principalmente por un desplazamiento hacia la derecha del Partido Republicano. Esto hace que sea mucho más difícil de resolver pues no hay un centro al cual volver.
7. El segundo mandato. Lo que la evidencia muestra hasta ahora
Donald Trump asumió la presidencia el 20 de enero de 2025, con hitos que ya forman parte de la historia: la persona de mayor edad en ocupar el cargo, y el primer presidente con condena penal. Su victoria rompió una sequía de veinte años en la que ningún republicano ganaba al mismo tiempo el voto popular y el colegio electoral.
En lo interno, tres líneas marcan su acción:
🚫 Política migratoria: deportaciones masivas y restricciones a la ciudadanía por nacimiento.
🏢 Reforma del Estado: despido de miles de empleados federales y cierre de agencias.
💸 Política fiscal: recortes impositivos permanentes que aumentarán el déficit en unos 3 billones de dólares.
En el exterior, la postura se ha vuelto más belicista como el apoyo incondicional a Israel, ataques en Yemen, presencia en el Caribe y, en febrero de 2026, un ataque conjunto con Israel contra Irán que incluyó el asesinato de su líder supremo y desató la guerra que hoy EE.UU está perdiendo.
8. Tres escenarios hacia 2028
Ningún pronóstico es seguro, pero se pueden identificar tres escenarios posibles:
🟠 Escenario A. Hegemonía disruptiva.
El más probable. Trump consolida poder, impone aranceles, reconfigura alianzas y gobierna con mano dura. Estados Unidos sigue siendo potencia, pero pierde legitimidad y aliados. Es más fuerte en el corto plazo, más aislado en el largo. Una estrategia que da réditos políticos inmediatos pero que acelera el declive de su liderazgo.
🔴 Escenario B. Crisis institucional súbita.
Si una de las grietas se abre por completo podrían suscitarse conflictos entre el presidente y los tribunales, fractura en el aparato militar por órdenes ilegales, o movilización social masiva ante un evento crítico. La polarización tan alta significa que cualquier crisis puede volverse incontrolable con rapidez. Nadie puede predecir cómo se resolvería.
🟢 Escenario C. Reconfiguración y regreso al consenso.
El menos probable. Requeriría un giro estratégico que implique abandonar aranceles, reconstruir alianzas, invertir en cohesión interna. Hoy las condiciones de polarización, fragmentación de la oposición, consolidación del trumpismo— hacen que este camino sea difícil de imaginar.
9. Conclusión. ¿Adaptación o declive?
El análisis permite extraer cinco conclusiones claras:
La crisis es estructural, no pasajera. No se debe a un solo presidente ni a un ciclo económico, es el agotamiento de un orden construido hace ochenta años.
La polarización es el problema central. Ya no es una diferencia de opiniones, es desconfianza mutua, rechazo a compartir realidad y hostilidad permanente que dificulta cualquier solución.
El nacionalismo agresivo es una estrategia de corto plazo. Une en el interior, pero aleja afuera. Gana apoyo electoral, pero pierde liderazgo mundial.
Hay un desfase entre poder material y legitimidad. Estados Unidos sigue teniendo ejército, dinero y tecnología; pero cada vez menos capacidad de convencer a otros de seguirlo.
El escenario más probable es el de una hegemonía disruptiva, con riesgo creciente de crisis institucional. Una reconfiguración consensuada parece hoy improbable.
La pregunta fundamental que queda abierta es esta: ¿Estados Unidos logrará adaptar sus instituciones a las nuevas realidades, o se hundirá en una crisis prolongada de la que no saldrá como líder? La respuesta no depende solo de Washington y tendrá consecuencias para el mundo entero.
Nota: Este análisis reconoce sus propios límites. La realidad política es más compleja que cualquier modelo. Eventos imprevistos —un conflicto, un desastre, una decisión personal— pueden cambiar el rumbo en cualquier momento. El valor de este marco no está en predecirlo todo, sino en ayudarnos a hacer las preguntas correctas.
📚 Referencias (seleccionadas para el artículo)
Castillo Fernández, D. (2020). La crisis de hegemonía, el modelo neoliberal y la estructura de poder de Estados Unidos.
Fasching, N. et al. (2024). La tensión política es tan alta que los comicios ya no logran incrementarla. Science.
Hernández Martínez, J. (2021). Estados Unidos: hegemonía e imperialismo.
Hernández Ruiz, S. (2026). Modelo para un análisis dinámico de los Estados Unidos como potencia hegemónica.
Wikipedia (2026). Segunda presidencia de Donald Trump / Polarización política en Estados Unidos.
