México no necesita estadísticas: necesita la verdad

by | Sep 4, 2026 | Opinión

Fernando Schütte

El gobierno insiste en decirnos que México es cada vez más seguro porque disminuyen los homicidios dolosos. Las gráficas oficiales son contundentes y la Presidente Claudia Sheinbaum presume una reducción cercana al 51 por ciento desde el inicio de su administración.

Ojalá la realidad cotidiana de los mexicanos fuera igualmente contundente.

El problema comienza cuando revisamos las propias estadísticas oficiales y descubrimos que, mientras disminuye la categoría de homicidio doloso, aumentan otros registros relacionados con delitos que atentan contra la vida y la integridad corporal, además de las desapariciones.

No afirmo que cada desaparecido sea una persona asesinada ni que cada expediente registrado en otras categorías corresponda necesariamente a un homicidio oculto. Afirmo algo mucho más sencillo: el gobierno tiene la obligación de explicar con absoluta transparencia qué está ocurriendo.

Más aún cuando desde 2026 el propio Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública modificó su metodología de registro y clasificación de delitos y víctimas.

No basta entonces con presentar la columna estadística que mejor luce en una conferencia mañanera. Habría que saber si estamos realmente ante menos asesinatos o, en algunos casos, ante cambios de clasificación.

Una auditoría independiente resolvería cualquier duda.

Pero existe otro indicador todavía más difícil de esconder: lo que viven los mexicanos.

La Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) estimó 33.5 millones de delitos durante 2024. Peor aún: 93.2 por ciento no fueron denunciados o no generaron una carpeta de investigación.

Es decir, las estadísticas de fiscalías y ministerios públicos apenas observan una fracción de la delincuencia real del país.

Y la gente no parece compartir el optimismo gubernamental. La percepción de inseguridad no disminuyó: aumentó. En 2025, 75.6 por ciento de los adultos consideraba inseguro vivir en su entidad federativa.

Ahí está quizá el verdadero problema de la estrategia.

El gobierno ha concentrado buena parte de su esfuerzo en combatir organizaciones criminales, detener grandes operadores, decomisar drogas, armas y perseguir objetivos prioritarios. Es importante hacerlo y hay que reconocer los resultados de Omar García Harfuch cuando corresponden.

Pero perseguir capos no sustituye la seguridad pública.

La seguridad pública es la que vive diariamente el ciudadano cuando sale de su casa.

Es el robo en la calle, el asalto en el transporte, la extorsión al comerciante, el cobro de piso, el robo de automóvil, el atraco carretero y también la corrupción o extorsión cometida por policías contra transeúntes y automovilistas.

Para millones de mexicanos, el primer contacto con la inseguridad no es un gran cártel. Es el delincuente de la esquina o, todavía peor, una autoridad que debería protegerlos y termina extorsionándolos.

Podremos detener a todos los grandes capos que queramos, pero mientras un ciudadano tenga miedo de caminar por una calle, tomar transporte público, abrir un negocio o encontrarse una patrulla, no podremos hablar seriamente de seguridad.

Mientras tanto, observamos también la enorme distancia entre el discurso y el comportamiento de quienes rodearon al poder. Los hijos del expresidente López Obrador aparecen disfrutando restaurantes, vinos y estilos de vida bastante alejados de aquella austeridad republicana y pobreza franciscana que durante años se exigió a los demás.

Comer en un restaurante caro no constituye delito alguno. La contradicción es moral y política.

Y al mismo tiempo México enfrenta una concentración creciente del poder, debilitamiento de contrapesos y reformas que erosionan instituciones construidas durante décadas.

La democracia rara vez desaparece de un día para otro. Se pierde gradualmente cuando el poder deja de aceptar límites.

Por eso el problema de las estadísticas de seguridad trasciende los homicidios.

Un gobierno democrático debe informar, explicar y aceptar el escrutinio.

México no necesita que una gráfica le diga que está más seguro.

Necesita sentirse seguro.

Y, sobre todo, necesita que su gobierno le diga la verdad.

@FSchutte

Consultor y Analista