Fernando Schütte Elguero
Las capturas anunciadas esta semana representan golpes importantes contra organizaciones criminales que durante años han impuesto su ley en distintas regiones del país. Debe reconocerse el trabajo de inteligencia encabezado por Omar García Harfuch y la coordinación de las fuerzas federales. Sin embargo, cada detención obliga a formular una pregunta incómoda: ¿cuántos de estos presuntos delincuentes recibirán finalmente una sentencia?
En Mexicali fue detenido Víctor Alfonso Martínez Barraza, alias “El Ciego”, presunto integrante de Los Rusos, brazo armado vinculado con La Mayiza del Cártel de Sinaloa. Se le relaciona con homicidio, extorsión, distribución de drogas y amenazas contra agentes de seguridad. El dato verdaderamente alarmante es que ya había sido detenido en 2025, pero quedó en libertad porque entonces no existía una orden judicial en su contra.
Hubo que detenerlo dos veces.
El caso no debe reducirse a una anécdota procesal. Expone una de las mayores debilidades de la seguridad pública mexicana: la falta de coordinación entre quienes investigan, quienes detienen, quienes integran las carpetas y quienes imparten justicia. Un operativo puede ser espectacular y una captura puede ocupar las primeras planas, pero si la investigación está incompleta, la orden judicial no existe o las pruebas fueron obtenidas incorrectamente, el resultado termina siendo la libertad del acusado.
También fue capturado en Michoacán Manuel Alejandro Rendón, alias “El Señor de la T”, señalado como operador del Cártel Jalisco Nueva Generación y cercano a Heraclio Guerrero, “El Tío Lako”. Las autoridades lo relacionan con extorsiones, secuestros, homicidios, desapariciones y narcomenudeo en diversos municipios del Bajío michoacano. Entre los casos que se le atribuyen se encuentran el asesinato de un funcionario municipal y la desaparición de una alcaldesa.
Ambas capturas son relevantes y deben reconocerse. No obstante, detener no significa desarticular una organización, recuperar un territorio ni hacer justicia. Una detención apenas inicia un proceso que tendría que conducir a una investigación sólida, una acusación correctamente formulada y una sentencia conforme a derecho.
Durante décadas, los gobiernos mexicanos han presentado el número de detenidos como medida de éxito. Se informa cuántos presuntos delincuentes fueron capturados, cuántas armas se aseguraron y cuántas dosis de droga fueron decomisadas. Rara vez se explica cuántos detenidos fueron vinculados a proceso, cuántos permanecieron en prisión, cuántos recibieron sentencia y cuántos recuperaron la libertad por errores de las autoridades.
Lo que no se mide no se corrige.
El problema no necesariamente está en los jueces cuando ordenan liberar a una persona. Un juez debe resolver conforme a las pruebas y a la ley. La responsabilidad también debe buscarse en las fiscalías que no investigaron oportunamente, en los ministerios públicos que integraron deficientemente los expedientes y en los mandos que ordenaron operaciones sin contar previamente con los instrumentos jurídicos indispensables.
Capturar primero e investigar después puede producir una fotografía, pero difícilmente produce justicia.
La estrategia de García Harfuch muestra una capacidad de inteligencia y operación superior a la del gobierno anterior. Sería injusto negarlo. Pero el secretario no puede cargar solo con un sistema en el que las policías avanzan mientras muchas fiscalías permanecen rezagadas, politizadas, infiltradas o técnicamente rebasadas.
México necesita conocer no solamente cuántos delincuentes son detenidos, sino cuántos son efectivamente sentenciados. Las autoridades deben publicar esa trazabilidad: detención, vinculación, juicio y sentencia. Sólo así podrá evaluarse la eficacia real del Estado.
Mientras un criminal pueda entrar por una puerta y salir por otra, la detención será apenas una pausa en su carrera delictiva. El verdadero golpe contra el crimen no es capturarlo frente a las cámaras. Es impedir, mediante una investigación profesional y un proceso legal impecable, que vuelva a las calles.
@FSchutte
Consultor y Analista
