Fernando Schütte Elguero
Es muy fácil encontrar un responsable cuando una negociación no produce el resultado esperado. Más difícil es reconocer que, en ocasiones, el problema no está sentado en la mesa de negociación, sino mucho antes de que ésta comience.
En los últimos días se ha hablado de un supuesto desencuentro entre la Presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubón, tras la decisión de Estados Unidos de no extender automáticamente la vigencia del T‑MEC hasta 2042 y mantener revisiones periódicas al tratado.
Si esa molestia existe, la pregunta de fondo es otra.
¿Con qué calidad moral puede exigírsele a Marcelo Ebrard mejores resultados si el propio gobierno no ha generado las condiciones para que México llegue fortalecido a una negociación de esa magnitud?
Ningún secretario de Economía negocia únicamente con cifras, aranceles o reglas de origen. Negocia con la confianza que inspira su país. Y esa confianza no depende exclusivamente de él.
Hoy Estados Unidos observa mucho más que la balanza comercial. Observa el combate al crimen organizado, el tráfico de fentanilo, la certeza jurídica para las inversiones, el respeto al Estado de derecho y el cumplimiento de los compromisos bilaterales, incluidos los mecanismos de cooperación y extradición previstos en los acuerdos entre ambos países.
No es casualidad que la revisión del T‑MEC haya dejado de ser un asunto exclusivamente comercial. La relación entre México y Estados Unidos se ha vuelto integral. Cuando la seguridad falla, cuando el Estado de derecho se debilita o cuando se percibe que los acuerdos internacionales no se cumplen con la eficacia esperada, la desconfianza termina alcanzando también a la economía.
Por eso me parece injusto convertir a Marcelo Ebrard en el responsable de un problema que rebasa por mucho a la Secretaría de Economía. Ningún negociador, por brillante que sea, puede compensar la pérdida de confianza que provoca un gobierno cuando sus acciones generan incertidumbre entre sus principales socios.
La decisión de mantener revisiones periódicas al T‑MEC envía un mensaje claro: Estados Unidos prefiere revisar continuamente la relación antes que otorgar una certidumbre de largo plazo. Y eso tiene consecuencias. La inversión necesita estabilidad, reglas claras y confianza. Sin ellas, el capital busca otros destinos.
Después de casi cinco décadas observando, estudiando y participando desde distintos ámbitos en los asuntos públicos (particularmente en materia de seguridad), he aprendido que la confianza es uno de los activos más valiosos de un país. Toma años construirla y puede perderse en muy poco tiempo.
Ojalá el debate deje de concentrarse en si Marcelo Ebrard negoció bien o mal. Esa discusión, aunque válida, es secundaria.
La verdadera pregunta es si el gobierno mexicano ha hecho lo necesario para que el país llegue a una negociación de esta importancia con la credibilidad que exige una relación estratégica como la que tenemos con Estados Unidos.
Porque ningún secretario, por capaz que sea, puede negociar con éxito aquello que su propio gobierno ha dejado de construir.
@FSchutte
Consultor y analista
