Regulación del uso de celulares en las escuelas a partir del 3 de noviembre de 2026

by | Sep 21, 2026 | Opinión

¿Regulación del uso de celulares en las escuelas?

La decisión unánime de la Secretaría de Educación Pública de establecer un acuerdo nacional para restringir el uso de teléfonos celulares y tabletas en las escuelas de educación básica, a partir del 3 de noviembre de 2026, representa un hito coyuntural sin precedentes en la política educativa mexicana.

(https://www.jornada.com.mx/2026/09/19/politica/005n1pol)

Para difundir el acuerdo, se movilizará a más de medio millón de docentes, con preferencia en las escuelas donde el 81 % de los maestros y maestras demandó frenar el deterioro del clima escolar. El gobierno federal ha fijado una postura contundente: la prohibición de dispositivos personales durante la jornada escolar en primaria y secundaria, manteniendo esquemas de autorregulación consensuada en la educación media superior y respetando la autonomía universitaria.

Sin embargo, el entusiasmo regulatorio corre el riesgo de naufragar si se reduce a una medida puramente administrativa o autoritaria. Restringir la entrada de los dispositivos a las mochilas no resuelve automáticamente el déficit de atención, ni devuelve por arte de magia la densidad reflexiva al proceso de enseñanza; tan solo despeja el terreno para formular la pregunta verdaderamente decisiva. ¿Con qué mediaciones pedagógicas y con qué contenidos con sentido ocuparemos el espacio escolar una vez apagadas las pantallas?

La respuesta a este desafío no radica en la nostalgia por una escuela tradicional, ni en la mera sustitución de artefactos; exige una refundación de la escuela, la pedagogía, pero en especial, de la didáctica.

La Didáctica General Instituyente que propongo opera considerando al aula no como un receptáculo pasivo de consignas oficiales, sino como un espacio biopolítico de reconstrucción de la subjetividad, donde la escuela pública recupere su vocación emancipadora frente a la fuerte influencia de la tecnología digital contemporánea.

Para comprender la profundidad de la crisis actual, resulta indispensable acudir a la filosofía de la técnica. Vivimos inmersos en un régimen cultural caracterizado por la magia tecnológica; un modo de existencia donde las herramientas y artefactos digitales son consumidos como fetiches sagrados e incomprensibles. El estudiante contemporáneo desliza los dedos sobre la superficie pulida de una tableta con asombrosa destreza táctil, pero desconoce por completo las mediaciones físicas, lógicas y políticas que hacen posible el funcionamiento del dispositivo y menos entiende la ciencia que gobierna al artefacto. La herramienta se convierte así en una caja negra opaca.

Los efectos educativos de esta alineación son devastadores y se manifiestan en tres dimensiones prioritarias;

Inconsciencia social expandida. En primer lugar, se profundiza el grado de inconsciencia social e ignorancia técnica, ampliando la brecha entre la capacidad superficial de consumo digital y la comprensión causal de las mediaciones económicas y políticas que subyacen a las redes sociotécnicas.

Adivinación algorítmica. En segundo lugar, se produce una paulatina sustitución de la indagación científica y filosófica por la adivinación algorítmica. La búsqueda paciente, el contraste de hipótesis y el estudio riguroso son reemplazados por el consumo inmediato de resúmenes automáticos y sugerencias de inteligencia artificial orientadas a la captura de la atención.

Atrofia de la agencia. En tercer lugar, se observa una paulatina atrofia de nuestra agencia técnica y corporal. El estudiante pierde la confianza en su propia capacidad cerebral y manufacturera para armar, reparar, conceptualizar o transformar artefactos físicos y simbólicos, subordinándose a la tutela de corporaciones transnacionales.

Frente a la trampa del determinismo tecnológico, la Didáctica General Instituyente parte de los fundamentos de la antropología pedagógica de la sociabilidad humana. El ser humano no es una máquina procesadora de información ni un insumo pasivo para los mercados digitales; es una totalidad viva atravesada por una tensión dialéctica fundamental entre dos polos de su sociabilidad.

Por un lado, encontramos la sociabilidad gregaria basal, constituida por el conjunto de acoplamientos afectivos, empatías corporales, sentido de pertenencia y rutinas compartidas que otorgan seguridad al sujeto en su comunidad de origen. Esta sociabilidad es el cimiento de la educabilidad; sin embargo, cuando permanece replegada sobre sí misma, tiende a reproducir acríticamente los prejuicios, inercias y jerarquías de las estructuras macro sistémicas.

Por otro lado, emerge la potencia del Homo Poeta, entendida como la capacidad ontológica, creadora e instituyente del ser humano para transformar la realidad, nombrar lo inédito y fundar nuevas formas de convivencia social. La función primordial de la didáctica instituyente en la Nueva Escuela Mexicana consiste en activar la potencia del Homo Poeta a partir de la seguridad afectiva que proporciona la sociabilidad gregaria, convirtiendo el aula en un territorio de invención cultural y emancipación comunitaria.

La fundamentación de la didáctica instituyente no se limita al terreno de la crítica filosófica; se articula de forma rigurosa con las aportaciones más avanzadas de la ciencia cognitiva contemporánea. La neurociencia revolucionaria de Karl Friston y Andy Clark ha desmantelado el antiguo paradigma pasivo del cerebro como mero receptor de estímulos externos, demostrando que el órgano cerebral opera como un sistema dinámico de inferencia activa y procesamiento predictivo.

Aprender no consiste en acumular datos de manera memorística en una memoria pasiva; aprender es un acto de reestructuración de nuestros modelos de predicción sobre el mundo mediante la acción directa sobre el entorno. Cuando el entorno escolar carece de desafíos significativos o es sustituido por la adivinación algorítmica en una pantalla, la inferencia activa se degrada, sumiendo al estudiante en la apatía o en la sobrecarga cognitiva inutilizable.

Complementariamente, el enfoque de la cognición enactiva 4E (Varela, Thompson & Rosch, 1991; Gapenne, 2024) sostiene que los procesos mentales son constitutivamente encarnados (embodied), incrustados en el entorno social (embedded), extendidos mediante herramientas (extended) y enactivos a través de la acción motora y sensorial (enactive). La enseñanza no pasa de la cabeza del profesor a la cabeza del alumno; se constituye en el acoplamiento corporal y material con el mundo real.

Asimismo, al incorporar la teoría de la carga cognitiva de John Sweller (Sweller, 2024; Kirschner et al., 2006), la didáctica instituyente prescribe una estricta sobriedad técnica y un andamiaje adaptativo. Para liberar espacio en la memoria de trabajo y permitir la consolidación de esquemas complejos en la memoria a largo plazo, el docente debe eliminar la carga cognitiva extraña (distractores digitales, pantallas saturadas, consignas caóticas) y estructurar actividades de indagación guiada (Hmelo‑Silver et al., 2007) que desafíen la mente del estudiante con la máxima densidad conceptual.

Durante las últimas décadas del siglo XX, la sociología crítica de la educación (Bourdieu & Passeron, 1970; Willis, 1977) demostró con contundencia que la escuela suele operar como un filtro biopolítico de reproducción de clase, convirtiendo el capital cultural heredado por las élites en mérito académico individual y subordinando a las infancias populares. Sin embargo, cuando esta crítica sociológica se interpreta de forma determinista y unilateral, conduce a una parálisis pedagógica; la escuela es concebida como un castillo inexpugnable donde cualquier intento de transformación resulta inútil.

La Didáctica General Instituyente quiebra esta parálisis. La escuela pública no es un mero aparato reproductivo del Estado; es un territorio vivo de disputa cultural atravesado por contradicciones insalvables. Si bien la sociabilidad gregaria basal puede reproducir acríticamente las desigualdades de origen, la praxis didáctica instituyente moviliza la potencia del Homo Poeta, convirtiendo la formación docente en las Escuelas Normales en un compromiso histórico para que las infancias populares dominen la ciencia, las matemáticas y el lenguaje, ejerciendo su derecho inalienable a la emancipación social.

Esta propuesta se inserta en la gran tradición del pensamiento pedagógico crítico latinoamericano. Desde las tempranas intuiciones de Simón Rodríguez en 1828 («O inventamos o erramos»), al advertir que la independencia política sería una ilusión si continuábamos reproduciendo pedagogías coloniales de adiestramiento dócil, pasando por la filosofía de la liberación de Enrique Dussel (1977) y la pedagogía del oprimido de Paulo Freire (1970), nuestro continente ha sostenido que la educación debe ser un acto de creación autóctona y dignidad soberana.

En el contexto actual del Plan de Estudios 2022 de la Nueva Escuela Mexicana, la Didáctica General Instituyente brinda la fundamentación científica y ética que requiere el magisterio para ejercer su autonomía profesional. La retirada de los teléfonos celulares y las tabletas decretada por la Secretaría de Educación Pública no debe interpretarse como un regreso al pasado, sino como una invitación audaz para abrir las cajas negras del presente, desmantelar la alienación digital y hacer del aula de educación básica y normal un espacio encarnado de rigor cognitivo, afecto comunitario y liberación colectiva.

Próximamente avisaré al lector de un ensayo más amplio sobre la Didáctica General Instituyente que postulo.